lunes, 14 de mayo de 2012

Ginger y Fred, Tiempos Danzantes




Ginger y Fred, tiempos danzantes



Título original: Ginger e Fred

Dirección: Federico Fellini

País: Alemania Occidental, Francia, Italia

Año: 1986

Duración: 125 min.

Género: Drama, Comedia

Reparto: Giulietta Masina, Marcello Mastroianni

Guión: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Tonino Guerra

Productora: Les Films Ariane, Produzioni Europee Associati (PEA), Radiotelevisione Italiana, Stella Films, France 3 Cinéma, Revcom Films

Departamento artístico: Ambrogio Cranna, Carlo Latour, Franco Ceraolo, Giacomo Setaccioli, Gianni Gianese, Giuliano Geleng, Italo Tomassi, Luigi Sergianni, Rinaldo Geleng, Stefano Cecchini

Departamento musical: Donato Salone, Nicola Piovani

Dirección artística: Nazzareno Piana

Diseño de producción: Dante Ferretti

Efectos especiales: Adriano Pischiutta

Fotografía: Ennio Guarnieri, Tonino Delli Colli

Guión: Federico Fellini, Tonino Guerra, Tullio Pinelli

Historia original: Federico Fellini, Tonino Guerra

Maquillaje: Adonella De Rossi, Adriano Carboni, Alberta Giuliani, Aldo Signoretti, Alfredo Tiberi, Corrado Cristofori, Desideria Corridoni, Fernanda De Rossi, Giancarlo Marin, Maria-Luisa Fraticelli, Massimo De Rossi, Patrizia Corridoni, Renato Francola, Rino Carboni, Rita Luciani, Rosa Luciani

Montaje: Nino Baragli, Ruggero Mastroianni, Ugo De Rossi

Música: Nicola Piovani

Sonido: Antonio Barba, Fabio Ancillai, Fabio Palmisano, Fausto Ancillai, Furio Castelli, Giuseppe Testa, Massimo Rinchiusi, Roberto Tommaselli, Sergio Marcotulli, Tommaso Quattrini

   Vestuario: Bruno Lenzi Danilo Donati Luigi Urbani, Rosanna Andres




Por Jimena Irupé Vivas

               Ginger y Fred es una sátira a la TV italiana y, paradójicamente,  un homenaje a los musicales de Hollywood. Este film lleva a un punto álgido la visión nostálgica del pasado al contraponerla a la brutalidad, tosquedad, indiferencia y exitismo de la sociedad de masas contemporáneas. Pese a sus ya 30 desde su estreno, Ginger y Fred transmite sensaciones aún vigentes; emociones que el mismísimo Federico Fellini sintió al final de su carrera artística al comentar que ´´ este convertir lo humano en espectáculo gratuito  es lo característico de la televisión´´.
                La película narra la historia de dos artistas retirados, seres ya olvidados por la sociedad actual debido a su falta de vigencia por las demandas imperantes, quienes se reúnen luego de varios años para presentarse en un programa especial televisivo de Navidad. 
                Amelia es  una dedicada bailarina, quien sueña ingenuamente con lucirse en las pistas de la TV como en los años de gloria, junto a su adorado compañero Pippo. Sin embargo, ella se ve traspasada constantemente por rayos penetrantes de desilusión del ´´circo´´ que alimenta a los espectadores con el fin de ocultar la cruda realidad en la que vivimos. Pippo, en cambio, se moviliza por intereses económicos y por el deseo de volver a bailar con la mujer que siempre ha querido en secreto. Pipo es un personaje golpeado por la crudeza de esa realidad decadente. Sin embargo, a pesar de tanta desilusión, logran dar el adiós definitivo como siempre lo hicieron: juntos, leales y  sobre todo, con dignidad. Su actitud contrasta enfáticamente con el entorno en el que se mueven.
   La estética utilizada por Fellini conlleva constantemente estos cambios de ambiente. El ruido que aturde, los colores vibrantes (principalmente el rojo furioso), espejos, cristales, luces, brillos, maquillajes y peinados exóticos y líneas geométricas acompañan la mixtura bizarra, grotesca y kitsch que son aspectos absurdos que conviven con nuestra realidad. Ginger y Fred, y este caso más específico, los actores Marcelo Mastroianni y en particular Giulietta Masina, se lucen con un aura conmovedora del último adiós tanto ficticio como real. Ambos están representados con tonos nobles, como el bordeaux y el cuadrillé o estampado blanco y negro…remembranza quizás de las antiguas fotografías sepias o blanco y negro: Nostalgia pura de otros tiempos, siempre con un claqué de fondo que luego culmina con la danza ´´Cheak to cheak´´.
  Federico Fellini, al no poder despegarse nunca de su pasado caricaturesco, en vez de recluirse en la desesperación baila estoicamente en este film que roza lo metafóricamente autobiográfico. La deformación y exageración que puede ser entendida como un espejo de la condición humana y la cual nos define como seres únicos, más allá de afectar la sensibilidad de seres puros y creativos como el mismísimo Fellini, nos demuestran que en esta vida no hay mucho que entender o cuestionar. El circo siempre existió y seguirá existiendo. Sólo hay que vivir y bailar dignamente, bailar con honor hasta el final en lo posible, como Ginger y Fred lo supieron hacer.

jueves, 10 de mayo de 2012

Ser periodista y ser periodista critico de arte y espectáculo

Por Cyntia Garavello

Existe una diferencia fundamental a la hora de ejercer el periodismo cuando uno pretende ser crítico.

No basta con escribir una crónica impresionista para criticar un espectáculo, ya que de éste modo caemos en el error de confundirnos como profesionales de la comunicación, y lo que es peor, confundir al receptor.

Es importante dar a conocer el porqué de la divergencia.  El crítico, además de ser periodista, lo cual le otorga un valor importante, debe especializarse en profundidad sobre el tema que va a evaluar, conocerlo, estudiarlo, frecuentar los sitios donde se lleven a cabo su especialidad para ampliar su mirada y estar en contacto directo con el arte.

Una de las principales características de los medios de comunicación actuales, regidos básicamente por las leyes del mercado, es que pocos tienen un espacio dedicado a la crítica, en donde el profesional esté valorado por su conocimiento y que esto sea considerado en su remuneración. Los puestos de trabajo están ocupados por reporteros todo terreno que por la misma cantidad de dinero son capaces de cubrir cualquier área y género periodístico.

La comunicación ante el fuerte crecimiento de las nuevas tecnologías cada vez va ser más segmentada. Frente a esta realidad debemos buscar alternativas, abriéndonos un nuevo camino en donde las palabras van a tener un destinatario dispuesto a leernos; con el cual vamos a compartir intereses, gustos y modos de ver la vida. Si compartimos el arte sea cual fuera su punto de partida, estamos comunicándonos al nivel de los sentidos y las emociones.

El arte nos provoca un despertar del alma. Es por esto que en el momento para pensar cuál es el medio ideal de comunicación es el aquí y ahora.“CriticArte” es un espacio creado desde la formación profesional para vivir con ustedes, nuestros "lectores-comunicadores", un mundo diferente, el mundo del arte.

Queridos bloggeros: bienvenidos al Periodismo Ciudadano. Aquí entramos todos y, además, entre nosotros podemos construir una nueva mirada de valoración hacia el crítico de espectáculos, aquel que dedica cada día a formarse, para ser el puente entre los artistas y el público, brindando así una visión diferente y reflexiva del arte.




Crítica de la película El inquilino

EL INQUILINO
FICHA TÉCNICA:
Título original: The tenant
Año: 1976
Director: Roman Polansky
Guión: Roman Polansky y Gérard Brach (Basado en la novela de RolandTopor)

Música: Philippe Sarde
Fotografía: Sven Nykvist
Reparto: Roman Polansky, Isabelle Adjani, Shelley Winters, Melvyn Douglas, Jo Van Fleet, Bernard Fresson, Lila Kedrova y Claude Dauphin.



Ten cuidado con lo que deseas porque lo puedes conseguir

Por María Julieta Escayola
     El inquilino retoma la apuesta de Polansky para reflejar su constante inquietud sobre la asfixia existencial. Ambientes oscuros, deprimentes y claustrofóbicos se desenvuelven a lo largo de esta película en donde prima lo psicológico por sobre lo real. Es más, la realidad ya no es tan nítida para el espectador.
     La dirección de arte es acertada en este sentido. Con ella se pretende describir la decadencia de una ciudad cosmopolita. Los detalles abundan. Viejos muebles que esconden ¿secretos?, alfombras mugrosas y una pileta de cocina que en cualquier momento se rompe. La escalera demuestra que todo es complicado y no hay facilidad de subir por algún ascensor. El retrete inspira a la locura. Y la entrada es lúgubre. Este edificio contrasta con los restantes, donde viven los otros personajesen ambientes iluminados y cómodos. El juego de espejos nos da la sensación de que todo el tiempo están mirándolo. A él. O a ella.
     La música acompaña a todo el proceso de transformación y de alucinaciones. Crea suspenso que nos lleva a observar el cambio paulatino en gustos e intereses del personaje principal. En algunas escenas el silencio es parte. Y paradójicamente, los habitantes están reclamando silencio. 
     El tratamiento que Polansky le da a los vecinos ya lo había hecho en El Bebé de Rosemary. La presencia de la encargada del edificio y de su perro es ya una indicación que algo andará mal. Se plantea si quien vive cerca de nosotros es digno de confianza o no. Y la respuesta no tarda en llegar de la mano de gente antipática, discriminadorae intolerante. Lejos de ayudar al nuevo inquilino, se lo altera. Esta sensación de soledad y de gobierno del terror va in crescendo hasta desencadenar la tragedia.
     El desarrollo del guión oscila entre la temática de la culpa (depender de una muerte para vivir en el supuesto lugar soñado) y una paranoia exacerbada. Entre una actitud tímida ante la vida y una desafiante (queda la duda si existe un problema con el alcoholismo). Los miedos nos presentan una visión alienante. Las características sectarias del grupo humano que vive allí se incrementan ante la mirada del personaje principal. Todo se desarrolla en esa vacilación que termina en la pérdida absoluta de la identidad. Es más, es en unasecuencia donde el protagonista se pregunta “¿En qué preciso momento un hombre deja de ser quien es?”
     La mirada del otro despreciativa y desacreditadora puede aturdir hasta al más cuerdo. Uno se pregunta si con El inquilino Polansky ha querido mostrar su más cruda verdad, la de su propia vida. Como si el alter ego de Polansky fuera el propio-a inquilino-a.
     Por esto, podemos afirmar que la resolución actoral de Polansky hace dudar si es mejor como realizador que como actor. Aunque al final uno decide que lo extrañaríamos sino fuera más director. M.J.E.

Algunas reflexiones sobre comunicación, medios y crítica

Jueves 10 de mayo de 2012.-

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE COMUNICACIÓN, MEDIOS Y CRÍTICA:

Por María Julieta Escayola

¿Cómo debería ser la herramienta de comunicación ideal para poder desarrollar libremente la crítica de periodismo de espectáculos?
     Antes de contestar esta inquietud, debemos recordar cuáles serían los elementos en todo proceso de comunicación. Esta acotación la hacemos para delimitar nuestra intención en el análisis que nos toca. No con carácter académico, ni tampoco para alardear sobre nuestros conocimientos al respecto.
     Hecha esta aclaración, podemos decir que en toda comunicación hay un emisor (quien envía un mensaje) un receptor (quien lo recibe) el mensaje que se quiere transmitir, un canal o medio (soporte papel, ciberespacio, aire, ondas, etc.) y principalmente, un feedback o posibilidad del receptor de contestar a ese mensaje enviado por el emisor.
     Específicamente, en todo proceso masivo de comunicación que permite la formación de la opinión pública, el feedback a veces se encuentra desdibujado. Pero lo que ha facilitado que estas limitaciones se puedan subsanar, ha sido la aparición de la llamada comunidad cibernética 2.0. Aquella que ha creado las redes sociales, los foros, los blog y los espacios virtuales de opinión. Los grupos abiertos o cerrados, el chat y las facilidades de algunos programas como skype para efectuar llamadas telefónicas a lugares antes insospechados.  
     Esto ha hecho que el periodismo de artes y espectáculos no quedara afuera en esta revolución cultural, y se ubicara dicha disciplina en los medios virtuales. Así, se multiplicaron en forma infinita las posibilidades de contribuir al desarrollo de uno de los derechos constitucionales por excelencia: publicar las ideas por la prensa sin censura previa.
     Ahora bien, volviendo a la pregunta que nos atañe, es preciso destacar que no debemos reducir a un ámbito o medio que sea considerado como el más propicio para desarrollar la crítica.
     Toda expresión cultural es compleja y por lo tanto no hay SÓLO una herramienta ideal. Y así debería ser, como garantía de participación.  De esta manera, se asegura la difusión de la crítica, como también el acto artístico en sí.
     Y acá se da la mejor parte: cuando uno analiza una obra, se promociona ese arte o espectáculo de que se trate. Se publicita una IDEA, una CONCEPCIÓN  de ese artista. Y a ello se suma el derecho de réplica del crítico sobre esa IDEA o CONCEPCIÓN. De esta manera se da una democratización y libertad de expresión legítimas destinada a varios: el artista, el grupo que produce un espectáculo, el- los crítico-s, el lector, la gente.
     Podríamos llegar a aventurar que la herramienta de comunicación ideal sería el blog. Un blog sobre cultura, o sobre periodismo de artes y espectáculos (qué casualidad, estamos escribiendo este artículo en un blog!). Ello permite una retroalimentación en el proceso comunicacional de forma casi inmediata: la posibilidad de subir comentarios, compartir con sus contactos en las redes sociales (facebook, twitter, my space, linkedin y toda otra que se nos esté pasando por alto). Otra forma que permite internet, son las páginas web, revistas digitales especializadas en la temática y diarios cibernéticos, en donde el mecanismo de inclusión de la opinión pública se da de forma similar a la del blog.
     Ahora bien, si nos alejamos del mundo cibernético, también nos encontramos con un cúmulo de medios de comunicación que son los tradicionales (revistas especializadas, para la mujer, diarios, folletines en soporte papel) que no han perdido vigencia, sólo se han adaptado a las necesidades de esta nueva sociedad.
     Por eso, a la hora de contestar, podemos afirmar que ninguna es la herramienta ideal, todas son igual de buenas. Igual de aptas. Pero el rasgo positivo es que ahora se agregan las virtuales y entonces, ENHORABUENA! Los críticos podremos desarrollar nuestra pasión en más espacios de los que imaginábamos.  

miércoles, 9 de mayo de 2012

TECNOLOGÍA Y PERIODISMO DE  CULTURA

El aroma del café en las mañanas despierta en mí el viejo ritual del desayuno en cualquier lugar del micro centro. Allí dónde al entrar no se pueden distinguir los rostros porque todos están detrás de las hojas de los matutinos. La mesa libre no tiene un ejemplar y mi mirada se posa en cada una buscando aunque sea una parte del diario. Y reflexiono que con el paso del tiempo aún hoy el rito permanece inmortal.
Si bien el papel impreso ha sido reemplazado por la notebook o el blacberry, algo no cambia: todos quieren estar informados a primera hora del día.
Muchas veces, so pena de las miradas interrogativas, he buceado en los demás tratando de dilucidar qué es lo primero que leen. El interés de cada individuo pasa primero por aquello que le compete directamente. Después la primera plana y el rápido recorrido por todas las páginas y de vuelta a la noticia del día,  que puede estar en cualquier sección, incluso la cultural.
Una determinada franja etaria sigue fiel al contacto con el impreso, quizás es el aroma de la tinta o la tangibilidad de lo inmaterial la causa del apego, quizás es la costumbre, quizás el debate in situ, quizás la resistencia a la nuevos métodos. Hay otros “quizás” y una sola verdad: café y noticias es un culto muy difícil de reemplazar y la tecnología portátil ha contribuido para ello, porque permite el acceso a otras franjas etarias, sobre todo para los periodistas, ya que es imprescindible estar “al día” con los últimos acontecimientos locales, nacionales e internacionales.
Las noticias de la jornada quedan reflejadas desde múltiples puntos de vistas, según donde se lea y es ahí cuando el avance tecnológico viene a resultar imperioso. ¿Cuál es la realidad? ¿Quién tiene la verdad? Estos interrogantes no pueden a ciencia cierta ser respondidos diariamente, pues es la continuidad en el seguimiento de cualquier tema (que fue noticia) lo que conlleva a algo más cercano a lo real. En la actualidad ese rastreo puede llevarse a cabo en determinados asuntos, dado la diversidad de noticias expuestas y teniendo en cuenta cuál es la arista más tratada por los medios. Yo periodista si deseo llegar a fondo debo investigar, sondear todos los ángulos posibles, documentar, entrevistar y arribar a conclusiones revelables. Hay un público para cada contenido y esto hace posible que el periodismo se diversifique y cada medio le da mayor o menor relevancia a aquello que le permita mantener sus intereses a salvo.
¿Y qué pasa con el periodismo de cultura?  La sociedad actual, aunque tiene a su alcance una vasta gama de obras de arte ( en todas sus expresiones), no siempre las encontrará publicadas en todos los medios de comunicación, a excepción de los estrenos cinematográficos y de las visitas de muy famosos artistas foráneos. Y es en esta cuestión donde la tecnología ha venido a contribuir magníficamente para lograr que todos los públicos tomen conocimiento de la “movida cultural” local.
El buen uso de los avances tecnológicos permite llegar a todos los públicos, sin distinción de franjas etarias, niveles económicos o intelectuales.
La publicidad onerosa va a la vanguardia cuando un productor (persona física o jurídica) organiza un evento local, nacional o internacional porque se promociona en todos los medios de comunicación. El evento es vox populi y aún así a veces por distintas razones el espectáculo no dejó los dividendos esperados, ese es otro tema. ¿Y los espectáculos organizados sin posibilidad de publicidad prepaga? Tienen la posibilidad de publicarse en todo el mosaico de vías de comunicación existentes, gracias a la moderna tecnología: e-mails, páginas web, blogs, agendas culturales públicas y privadas (impresas y on line) links y todo lo que el avance en técnicas de la comunicación permite.
El crítico de Arte tiene a su alcance "todo" con solo sentarse frente a su PC y eso es valiosísimo en este presente de cultura globalizada, porque permite no solo la investigación previa a la opinión, sino también el análisis del contexto en el cual se produce un estreno en cualquiera de sus áreas.
Desde la objetividad, sin la exploración de la realidad circundante en la cual una obra de arte surge (en todas sus manifestaciones), no hay interpretación correcta y por lo tanto opinión basada en la veracidad de los hechos. Si me gusta o no esa  obra de arte es desde mi subjetividad.
Como periodista cultural, soy el puente entre el hacedor y las personas que tienen la posibilidad de contactarse con la obra, por lo tanto los requisitos excluyentes de tal especialización deben estar presentes antes de emitir una opinión. Es cuestión de ética y de solidaridad.
Hoy toda expresión es arte, aún cuando no se encuadre en las clasificaciones tradicionales, por lo tanto es necesario pararse frente a un trabajo cultural con una mirada “globalizada” acorde a los nuevos tiempos y reconociendo al artista (en su manera de enunciar cómo ve y siente sus vivencias en este mundo) a través de su obra.
En el pasado me conformaba con el ritual diario del brebaje único y las hojas de papel recién salidas, hoy transcurren mis horas en el ciclo de la cyber cultura, hoy es tiempo de “aprender” y de “aprehender”, hoy es el turno de la autocrítica.
Para el futuro mi quimera es ensamblar en el modelo de Montesquieu:
“El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor”
SARA ROMANO SOSA
 
El ideal de Periodismo Cultural



 “A veces, un modesto periodista (el crítico) es capaz de advertir la presencia de un creador”.
Ernesto Sábato.

 Suele adjetivarse a algo o alguien de modo peyorativo (aunque esperanzador) como “diamante en bruto”, asociándolo a esta roca en el estado previo a su pulido y facetado. Sin embargo, a pesar de considerarme un “diamante en bruto” en esta especialidad del periodismo cultural, creo que por el contrario de lo que ocurre en la realidad con este material de información, en esta instancia soy capaz de reflejar de modo veraz y puro los acontecimientos culturales que me rodean.

Realizo esta metáfora auto-referencial no en cuanto a la calidad real (a pesar de mis mejores intenciones) o sobre el tiempo que llevo escribiendo sobre el tema sino en cuanto a  beneficios potenciales para expresar  lo que “idealmente” debería ser la labor de un periodista o crítico de artes y espectáculos. Nunca hay que perder de vista, e intentaré recordarlo una y otra vez, que la función primordial es la de servir de vaso comunicante a la sociedad (ya sea al público en general o como canal entre la obra de arte/ espectáculo y el observador).  Esta función muchas veces se ve opacada por vicios adquiridos con el tiempo. Suelen destacarse y reconocerse en valores a los comunicadores que se mantienen fieles con el tiempo a este rol. Ellos a menudo son objeto  de  todo tipo de cuestionamientos y presiones endógenas y exógenas: por parte de los medios para los que trabajan, de los artistas en cuestión y obviamente, de lo que dicta el mercado.  
Frecuentemente se caracteriza ( o caricaturiza) al periodista cultural como a una persona desafortunada que solo puede hablar de otros, o como un artista frustrado que descarga su ira con el que sabe o puede escribir, actuar, dibujar, cantar, etc. Sin embargo, esta disciplina es una creación  propiamente dicha. Se debe tener en cuenta que si se  dejase que las empresas productoras que más facturan, el estado o la común alianza entre ambos (en este mundo globalizado) quisieran dar un mensaje con un interés concreto y no existiese alguien objetivo, auténtico y coherente que tamizase lo que se dice y cómo se dice, sería verdaderamente fácil ejercer influencia sobre la sociedad. Por ende, el periodista de arte genera consciencia crítica.
Es más, el periodista al formarse y tener experiencia en el rubro cultural realiza aportes vivenciales y de conocimientos que crean una conformación más completa de la percepción de la obra propiamente dicha. Por momentos posee un rol contextualizante y pedagógico (aunque este no es su rol principal), motivando al espectador a indagar sobre temas conexos. En otros casos, el periodista también orienta a un público conocedor sobre las posibilidades recreativas en una realidad geográfica, histórica y social. En estas circunstancias muchas veces revaloriza al hecho artístico propiamente dicho que  se ve defenestrado por la incomprensión, y en el peor de los casos, por intereses. Según palabras del mismísimo Vassily Kandinsky: “Toda creación de arte es gestada por su tiempo y, muchas veces, gesta nuestras propias sensaciones”. Es muy importante que en épocas de frenéticos cambios, el espectador y el objeto de arte estén alineados mutuamente. Es en ese proceso de retroalimentación que aparece el periodismo de arte.
De todos modos, quisiera hacer hincapié en la situación de sincretismo cultural y globalización que está viviendo el mundo. En la actualidad, las innovaciones van mano a mano con la tecnología y aparecen y decaen a velocidad luz. De mismo modo, la cultura obscenamente mediática y mercantilista envuelve y atraviesa el valor de lo simbólico y de las expresiones artísticas. Por ende, este doble valor económico-simbólico de la mercancía cultural hace dificultosa la problemática de valorización, análisis y evaluación del producto de las industrias culturales. Bajo estas circunstancias la diversidad cultural y el pluralismo informativo constituyen factores de calidad y eficiencia no siempre garantizadas debido a los vicios antes mencionados.
En definitiva, ese rol de servicio social que considero debería ser idealmente el rol de un periodista cultural es el que movilizó a los miembros CriticArte, con la ayuda de la profesora y Lic. Marcela Madeo, a crear su propio blog. Como mencionamos,  Buscamos generar un espacio de debate, encuentro, difusión y expresión desde la crítica de artes y espectáculos”. La mayoría de los miembros de este grupo poseen su experiencia y trayectoria en el área, pero la idea es siempre genuina y desde mi perspectiva, comenzamos este proyecto como recordatorio y punto de encuentro para un periodismo de arte democratizador y de un perfeccionamiento como comunicadores objetivos y coherentes de la realidad. 

Por Jimena Irupe Vivas




Por un Periodismo Crítico


Reconociendo y asumiendo nuestra realidad podemos desarrollar un periodismo de artes y espectáculos que nos enriquezca en temas culturales, para poder construir juicios y  una mirada sobre la realidad de manera crítica.
Parecería ser que se confunde la palabra espectáculo, porque al hablar de ella se piensa que entra toda la gama de los géneros más superfluos como lo son los reality shows, las telenovelas, entre otros. Esto se debe a que los medios de comunicación de masas le dan una importancia preponderante a los espectáculos más banales, y sus críticas por ende siempre son favorecedoras debido al “ranking” por ejemplo, estadística con peso elevado porque indica quienes y cuántos siguen tal espectáculo.
Y sí, quiero ser optimista y pensar que con la cantidad de herramientas comunicacionales que contamos se puede hacer algo, porque lo que se tiene que poner en duda es la utilidad que se le da a cada herramienta y las condiciones que tienen que tener en cuenta los profesionales en periodismo para que se de un Periodismo de calidad, donde reine la libertad de expresión y por ende la infinitud de miradas sobre un mismo tema.
Siguiendo a Barbero “en estos momentos ya no podemos dejar de reconocer que estamos insertos en el mercado mundial. El modo como hemos sido insertos en el mercado mundial. El modo como hemos sido incluídos-excluídos a nuestra peculiaridad, es la manera como históricamente se han producido nuestras políticas, nuestras instituciones. Esto ya es algo inalterable y no podemos echarnos atrás o refugiarnos en un sitio que no haya sido tocado o penetrado. Aunque nos pese y por más rabia que nos de, estamos en este espacio mundial de esta manera, y eso constituye ya parte de nuestro ser y de nuestro hacer. El problema ya no es decir si nos integramos o no, sino cómo hacemos para integrarnos de una manera que no nos destruya, pero sí que nos transforme”.[1]
Entonces tenemos que pensar qué es lo que podemos ofrecer, y la respuesta está en que tenemos que ser abiertos a la hora de generar conocimiento, y nuestras conclusiones tienen que dejar abierto el espacio para reflexionar y pensar para que cada uno asuma la posición que desee sin imposiciones, porque al fin de cuentas, vivimos en un país democrático donde podemos acceder gratuitamente a la red y plasmar nuestros conocimientos, como nos ofrece Internet. Existen actualmente grupos sociales que hacen un uso útil de los escenarios mediáticos para reclamar, influir y posicionarse en diferentes aspectos de la vida social. Fomentando estas actividades se logrará que nosotros decidamos nuestro propio destino, sin influencia externa y sin presiones internas, dando a conocer y asumir así nuestra propia identidad latinoamericana de poder pensarnos por nosotros mismos y aceptando las diferentes miradas sobre un mismo hecho. Porque al fin y al cabo la realidad es múltiple y el objeto de estudio tiene que abordarse interdisciplinariamente, dejando atrás el reduccionismo, el pensamiento único y la admiración a los otros, porque nosotros tenemos nuestra propia cultura, nuestra propia identidad que es demasiado rica y valiosa como para que la transformen en mera copia.
El periodista debe reconocer, investigar sobre el tema a tratar interdisplinariamente y amar lo que hace porque si no ama no profundiza. Y sin profundización no hay conocimiento. Y termino esta breve reflexión parafraseando a Bachelard en cuanto expresa que el conocimiento se estanca en las respuestas y que todo conocimiento evoluciona con las preguntas; así es como debe terminar el trabajo del periodista de artes y espectáculos, invitándonos a la reflexión y ofreciéndonos las herramientas  necesarias para poder construir nuestra propia opinión sobre un determinado tema. La posibilidad de elegir existe así que tenemos que ser críticos al elegirlas y ofrecerlas. El Periodismo es un servicio y como todo servicio mientras más completo, más calidad y mejor atención que ofrezca, más radiante estará el público, la sociedad y ellos mismos.
 Por Amina Bittar

[1] Martín Barbero, Jesús, Pretextos: conversaciones sobre la comunicación y sus contextos, Cali, Universidad del Valle, 1995, pp. 18.